Teatro a ciegas, más allá de los sentidos
- ALEJANDRA OROZCO
- 11 jul 2019
- 2 Min. de lectura

Tuxtla.- ¿Cuáles son las dificultades diarias que enfrentan las personas con discapacidad? ¿Qué tanta inclusión existe? ¿Pueden disfrutar un espectáculo artístico como cualquiera de nosotros? Al menos esta última pregunta tiene respuesta, ya que hay una función de teatro que pueden disfrutar las personas invidentes.
Desde Argentina, llega el grupo de teatro Empacho, dirigido por Brenda Rosencovich, quien nos platica que esta idea surge de una investigación de tesis junto con una compañera, lo que las lleva a interactuar con un niño invidente.
“Cuando nos íbamos a titular de la licenciatura en teatro, a raíz de la convivencia con Camilo, el hijo de una amiga que tenía 8 años y era invidente, pensamos cómo hacer un teatro distinto para incluir a los discapacitados”.
Es así como desde 2012, ella y dos personas más presentan sie7e obras: cinco para adultos y dos para niños, inicialmente en su natal Córdoba, donde por mucho tiempo ocuparon una sala de teatro, hasta que decidieron vender todo y viajar por el continente.
Así, han recorrido Uruguay, Paraguay, Brasil, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, ahora llegan a México, algo que ya esperaban desde hace mucho, hasta el momento con fechas en Chiapas, Oaxaca, Puebla y Ciudad de México.

Lo padre de este espectáculo, es que no es exclusivo para ciegos, también los videntes pueden ingresar, para así percibir el mundo desde su lugar. Elvio Ismael Lescano es actor y pertenece a este grupo, nos cuenta que para la función, el público ingresa con un antifaz, tomados de los hombros con el compañero de adelante, y se abre el telón.
“Así transita toda la obra, desarrollando todos los sentidos menos la vista, es decir… hay aromas, texturas, sabores, la audición, además tienen que trasladarse en la oscuridad, hay una parte de interacción con los actores, para agudizar los sentidos una hora”.
Vivimos en una cultura muy visual, por lo que estar privado de la vista hace que la gente conecte con cosas a las que no les presta atención cotidianamente, muchos entran con miedo, luego se sueltan y salen felices y libres, con una perspectiva totalmente diferente.
Al ser una obra muy interactiva con gente que no ve, el público se limita a 16 personas por función, hasta 20 en el caso de los colegios, con duración de 30 minutos a una hora dependiendo del aforo, para garantizar que todos vivan la experiencia de la mejor manera.
“Es muy importante la inclusión, siempre estamos pensando en trabajar con este tema, la obra toca temáticas como lgbt, homofobia, discriminación, acoso callejero a mujeres, la libertad de elección que tenemos, es nuestra forma de aportar un granito de arena a partir de lo artístico”, señala.
Muchas personas invidentes invitan a sus familiares y amigos a compartir con ellos esta experiencia, para saber cómo viven día a día y cómo se siente no tener un sentido desarrollado, pero sí todos los demás, una muestra de que el arte y la inclusión van de la mano.