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Festival de Medellin con presencia y letras de una chiapaneca

  • ALEJANDRA OROZCO
  • 18 may 2024
  • 7 Min. de lectura

Mónica Zepeda, escritora coleta, participará en el 34° Festival Internacional de Poesía de Medellín, luego de haber sido seleccionada entre 500 trabajos de 21 países del mundo.


En entrevista, Zepeda Trujillo, dijo estar contenta por haber sido seleccionada como una de las 4 poetas internacionales para participar, a través de la convocatoria que abrieron a poetas menores de 40 años.

¿Qué representa para ti, como mujer y coleta, saber que tu voz poética será escuchada en otro país?

Siento una profunda emoción, quizás desbordante, porque llevo casi 17 años iniciándome en el oficio poético. Tener la oportunidad de participar y de compartir mi trabajo en una sede tan importante dentro del ámbito literario mundial es una dicha inigualable, sobre todo porque llevaba años deseando ir a este festival como poeta participante. Además, me siento muy orgullosa de volver por segunda ocasión a Colombia, un país fascinante, y de representar a Chiapas por allá. Cada vez que viajo llevo a los chiapanecos en el corazón.

¿Con qué poemas te postulaste?

Solicitaban semblanza, una foto y una muestra poética de 20 textos. Elegí 5 poemas del libro Si miento sobre el abismo - If I lie About the Abyss (2014; Nueva York Poetry Press, Estados Unidos, 2024), 5 poemas de Las arrugas de mi infancia (Coneculta Chiapas, México, 2020; Ediciones El Pez Soluble, El Salvador, 2023), y 10 poemas inéditos que pertenecen a otros 4 libros que todavía no he dado a conocer.

¿Qué tan importante es que se abran estos espacios para dar a conocer tu poesía?

Es sumamente importante para mí porque me brinda la posibilidad de conocer/reencontrar a poetas de gran trayectoria que, por lo general, son también organizadores de festivales internacionales de poesía, traductores y/o editores, lo cual abre un abanico de posibilidades para compartir mi trabajo en otros lugares del mundo. Es muy satisfactorio que mi obra sea reconocida en otros países.

¿Qué proyectos trabajas actualmente?

Continúo trabajando 4 libros inéditos, algunos de ellos también están participando en concursos literarios para publicación. Con estos llevaría un total de 6 libros escritos y ya comencé a elaborar el séptimo. Hasta ahora esos son mis proyectos de escritura que van de la mano, por supuesto, de muchas lecturas e investigaciones de otros ámbitos culturales, artísticos, científicos y sociales para poder crear. Por otro lado, tengo invitaciones a diversos festivales poéticos este año, uno en San Cristóbal de Las Casas, en septiembre; otro en Kenia, África, en octubre; y otro en Cereté, Colombia, en noviembre. Tuve que declinar dos invitaciones este año por falta de presupuesto y de patrocinios, el primero a la India, en marzo, y el segundo a Marruecos, en abril. Espero poder contar con el apoyo económico de la gente y de las instituciones culturales para seguir representando a Chiapas y a México en otros países de Latinoamérica y en diversos continentes.

¿Qué es la poesía para Mónica?

A estas alturas de mi vida, la poesía es un modo de vida o, mejor dicho, una manera para no morir. Siempre me ha parecido un asidero, un refugio, una salida de emergencia. Deseo que la poesía siga llegando a más y más gente, porque he visto cómo la poesía provoca sonrisas y llanto de esperanza en las personas que la escuchan y la sienten. En distintos festivales internacionales, me ha tocado compartirla en escuelas primarias, secundarias, preparatorias, universidades, casas geriátricas, cárceles y los semblantes de la gente cambian, se alegran, se crea comunidad y se avizora la posibilidad de un mundo más armonioso. Como dice el querido poeta Marco Antonio Campos: “La poesía es la memoria de la música que tocaron los dioses y que a veces logramos escuchar”. No por nada siento tal gratitud con los organizadores de este tipo de eventos y con las personas que me han apoyado a lo largo del camino.

¿Qué significa personal y profesionalmente ser poeta en el siglo XXI?

Además de significar una gran satisfacción por la respuesta que he obtenido de mis lectores y de mis compañeros poetas, personalmente significa tanto sorpresa como responsabilidad. Sorpresa porque nunca imaginé dedicarme a la literatura, mucho menos a la poesía; responsabilidad por lo que he escrito y por lo que pueda llegar a escribir. Es que uno nunca sabe qué va a descubrir de sí a través de sus palabras ni de cómo ve el mundo desde lo más entrañable de su persona. Profesionalmente ser poeta en el siglo XXI requiere enfrentarse a diversos desafíos, como la búsqueda de espacios para publicar y difundir el trabajo o la construcción de una marca personal en un mercado literario saturado. Esto último requiere explorar nuevas formas de comunicación y conexión con el público, ya sea por medio de las redes sociales, blogs o incluso colaboraciones multimedia, debido a que estamos en un mundo cada vez más dominado por lo digital y lo visual. Por lo tanto, implica una adaptación a los cambios tecnológicos y culturales de la época. Ser poeta en tiempos actuales supone mantener viva la pasión por el lenguaje, la creatividad y la expresión artística, es imprescindible involucrar a la poesía no sólo con otras artes, sino con ámbitos científicos, sociales, tecnológicos, etc. Es decir, la versatilidad resulta indispensable. Así mismo, es necesario crear comunidad, ya sea participando en eventos literarios, colaboraciones interdisciplinarias y aprovechando las oportunidades digitales para acercarse a gente de distintos países. Supongo que la esencia poética es la que se adapta a realidades en constante cambio. El poeta contemporáneo debe ser un artista global e interdisciplinario. De esta forma, es mucho más factible que su poesía sea relevante y tenga así la posibilidad de trascender.

¿Qué consejos compartirías con las nuevas generaciones?

Para responder a esta pregunta, hay una anécdota que me gustaría platicarte. Cuando visité la escuela Saint Patrick en Quito, participé en una mesa de lectura. Al final del evento se me acercó un joven a quien, por confidencialidad, llamaremos Eduardo. Entonces, Eduardo me dijo: “Al escuchar el poema ‘El náufrago que a su horizonte rema’ que leíste, supe que quiero ser escritor”. Y añadió: ¿Qué necesito hacer para convertirme en un gran poeta? Porque cuando sea un gran poeta quiero decir que gracias a Mónica Zepeda decidí dedicarme a la literatura. Yo sentí a la vez una inmensa emoción y también miedo. Para la emoción sobra explicar el motivo. El miedo fue porque el poema, a simple vista trata de un desamor, pero, entre líneas, trata del suicidio. (De esto no le comenté absolutamente nada). Contesté automáticamente la pregunta: No sé, Eduardo. No sé lo que se necesita para ser un gran poeta, yo también me lo cuestiono. Lo que te puedo decir es que por lo que he visto en personas a quienes considero no solo grandes poetas o artistas, sino grandes en lo que hacen o hicieron mientras estuvieron con vida, es que tienen algo en común y eso en común es la autoconfianza, la determinación y la disciplina, la conciencia de que cada falla los acerca a su objetivo. Los únicos consejos que te puedo dar si quieres ser escritor es, primero, el que me dio uno de mis mejores maestros, lee mucho, escribe mucho, corrige más; y, segundo, y este es mío, sigue tu voz interior, hazle caso a lo que te dice tu voz interior y déjala guiarte, sabrá llevarte a puerto, sabrá enseñarte la manera para que encuentres y definas tu voz poética. Utilizo la anécdota de Eduardo porque precisamente eso es lo que les diría a las nuevas generaciones, independientemente de la profesión o de las profesiones a las que decidan dedicar su vida. Las personas más memorables de la historia han sido auténticas y fieles a sí mismas.

¿Cuáles fueron tus retos más difíciles en este camino cultural?

El oficio de escritora ha sido muy noble conmigo. Me siento sumamente satisfecha y agradecida con cada una de las personas que me han apoyado y abierto puertas en el camino. Por ahora, los retos más importantes que estoy teniendo que enfrentar son de tipo económico, pues participar en Festivales Internacionales de Poesía conlleva costes significativos de traslados aéreos porque en su mayoría solo cubren los gastos de hospedaje, de alimentación y traslados internos. Conseguir patrocinios de instituciones culturales y gubernamentales no me ha dado ningún resultado. Afortunadamente, hay gente que, de manera particular, me ha apoyado y a cada una de esas personas les ofrezco mi gratitud por su inmensa generosidad y por brindarme la oportunidad de poder asistir a los festivales que con gran cortesía me han invitado y en los cuales, además, me han dado las mejores de las bienvenidas.

Si tuvieras que elegir un momento especial de tu vida, ¿cuál sería?

Elegiría ahora como el momento más especial porque es el único que tengo y qué puede ser más especial que estar con vida.

¿Qué ves cuando te ves?

Esta es, quizás, una de las preguntas más complicadas que me han hecho en la vida, sobre todo porque yo misma he tenido que plantearme una y otra vez para contestarte. Lo explicaré con un poema porque así acostumbro a conocerme y dar conmigo.

DENTRO DE ESTA CALLE SOLITARIA

Veo a una persona que por destino elige a veces el azahar, y cuando caigo cara busco mi cruz

y al encontrar mi cruz me la quiero arrancar.

Pero me detengo.

Porque del otro lado de mi moneda está mi rostro y debajo de mi rostro

está la acera.

Y dentro de esta calle solitaria,

me sé un peatón afortunado.

Porque me veo caído como un centavo desde arriba y desde afuera.

Y quiero guardar en el bolsillo mi máscara y mi suerte

y pretendo levantarme de cobre, de níquel, de aluminio, de bronce, de latón, de acero inoxidable,

o levantarme, al fin, de carne y hueso.

Y sentir que me dejé caer para encontrarme, o que por distracción, me extravié,

y que omití responder que de algo valgo.

Y sin embargo, me detengo.

Ante las voces que hallo en mi otredad

las mismas que me gritan: me importas un carajo

y luego llorosas y culpables me imploran un te amo.

¿Qué veo cuando me veo?

A veces mi cara, a veces mi cruz.

Aunque nunca sé de qué lado caigo.

ACERCA DE LA AUTORA

Mónica Zepeda (San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México, 1987). Licenciada en Literatura y Creación Literaria por Casa Lamm. Master Practitioner de Meta-NLP por la Sociedad Internacional de Neurosemántica. Es autora de Si miento sobre el abismo - If I lie About the Abyss (2014; Nueva York Poetry Press, Estados Unidos, 2024) y Las arrugas de mi infancia (Coneculta Chiapas, México, 2020; Ediciones El Pez Soluble, El Salvador, 2023). Ha participado en festivales de poesía nacionales e internacionales como Jornadas Pellicerianas 2022, The Americas Poetry Festival of New York 2022 y Encuentro Internacional de Poesía en Paralelo Cero 2023. Parte de su obra poética ha sido traducida al polaco, inglés e italiano e incluida en diversos antologías. Poemas suyos también han sido publicados en reconocidos medios impresos y electrónicos de México, España, Honduras, Guatemala, Perú, Bolivia, Colombia, Chile, Estados Unidos, Italia, Puerto Rico, El Salvador y Ecuador.

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