Niños de Nuevo Vicente Guerrero estrenan aulas
- ALEJANDRA OROZCO
- 14 dic 2022
- 2 Min. de lectura
Tuxtla.- Hace cinco años, un sismo azotó al estado de Chiapas, en especial a regiones como la Frailesca… en Villacorzo, hay una escuela primaria ubicada en el ejido Nuevo Vicente Guerrero, donde cuatro aulas resultaron con afectaciones severas que imposibilitaron a las y los alumnos tomar clases por un largo tiempo.

“Enramadas, estaban en galeras, ahí estaban participando en las galeras con tal de que no perdieran clases", señaló una de las madres de familia, quien recordó las condiciones en que sus hijos tomaron clases durante estos años, aquellos que la pandemia no les impidió estar de manera presencial.
Se trata de un ejido marginado, donde se ubica la escuela Guadalupe Victoria, en la que cerca de 200 niños y niñas tomaban clases bajo el calor, en aulas improvisadas, austeras y sin siquiera mobiliario digno, lo que afectaba su aprendizaje y desempeño; “estos salones ya se estaban quebrando, ya por caerse, y pusieron otros salones allá, que construyeron con árboles y con palmas", recuerda otro de los alumnos, y es que Protección Civil declaró estos espacios inservibles por el alto riesgo que tenían de colapsar tras los daños del sismo.
En 2020, un grupo de voluntarios decidió unir esfuerzos para darles un espacio digno para estudiar a estos niños y niñas, entre ellos la Fundación Toledo, Arquitectos Sin Fronteras, Un Hogar para Chiapas, Mujeres Empresarias entre otras, quienes en dos años lograron reunir la mitad de los recursos necesarios para esta obra, mientras el otro 50 por ciento fue otorgado por el ayuntamiento municipal.
Para este fin, especialistas voluntarios decidieron elaborar tres aulas con la técnica de bahareque, que consiste en crear los muros con carrizos o palos entretejidos y recubrirlos con barro, lo cual hace las construcciones más seguras y frescas, además de preservar los materiales y técnicas propias de la comunidad.
"Esta técnica es mucho más segura para muros divisorios que las de concreto, entonces nosotros decidimos utilizar este tipo de muros para qué, uno para utilizar materiales de la región y así utilizar menos cemento; dos, porque así también damos más confort para la habitabilidad del lugar porque son más frescos, como ya todos sabemos y esto genera un mejor ambiente para que los jóvenes puedan estudiar", señaló Erick Ordóñez, arquitecto voluntario.

Además de recaudar el dinero para esta construcción, los voluntarios y voluntarias se sumaron como mano de obra, al igual que la gente de la comunidad que se apropió de la obra y estuvieron pendientes y trabajando duro día a día, como agradecimiento a esta buena obra.
Los niños y niñas estuvieron felices tras ver las aulas terminadas, ya que son muy frescas y amplias, además de que los voluntarios se encargaron también de conseguirles pizarrones y pupitres para dejarlos amueblados y listos para continuar estudiando, tras hacerlo en condiciones deplorables por mucho tiempo.
Además, dedicaron la obra al ex director de esta primaria, quien inició con las gestiones y aunque no pudo vivir para ver el trabajo terminado, señalan que era uno de sus objetivos y anhelos más grandes.
Así como esta escuela, hay muchas en todo el estado que tienen las mismas o aún más grandes necesidades, en esta ocasión fue gracias al esfuerzo y la buena voluntad de estos jóvenes que pudieron dignificar sus espacios y seguir adelante.
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