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Responsabilidad social compartida en tiempos de crisis: el reto de una sola salud

VANESSA TRACONIS QUEVEDO

​En un mundo marcado por crisis económicas, sociales y ambientales, la responsabilidad social compartida se erige como un imperativo ineludible. La noción de “UNA SOLA SALUD” nos recuerda que la salud humana, la de nuestros ecosistemas y la de nuestras sociedades están intrínsecamente conectadas. En este contexto, empresas, gobiernos y sociedad civil deben trabajar de forma coordinada y comprometida, porque el incumplimiento –ya sea por ignorancia o por omisión– no puede seguir siendo justificación dentro de un mundo que vive con bajo un reloj regresivo.


​Como bien se ha afirmado: “Sin un ambiente saludable, no hay calidad de vida; sin calidad de vida, no hay salud; sin salud, no hay comunidades fuertes; sin comunidades fuertes, no hay desarrollo sostenible; y sin desarrollo sostenible, no hay futuro para la humanidad.” Por ello, la responsabilidad social compartida de humanización integral se revela como el camino hacia la sostenibilidad y es un compromiso de todos.

​En este contexto de crisis, el llamado a la acción es urgente. Las crisis actuales no son fenómenos aislados; se entrelazan de forma compleja. La degradación ambiental afecta la salud humana, mientras que los desequilibrios sociales y económicos agravan la vulnerabilidad de nuestras comunidades. Este escenario demanda que cada actor social asuma su parte de responsabilidad para construir soluciones integrales. No se trata solo de responder ante emergencias, sino de transformar nuestros modelos de desarrollo y de interacción social para prevenir futuros desastres.

​En tiempos de crisis, el sector privado debe trascender a la mera búsqueda de beneficios económicos y abrazar una responsabilidad ética que incluya el bienestar social y ambiental. Las empresas tienen el poder y los recursos para liderar cambios estructurales a través de la innovación sostenible, generando cadenas de valor responsables con total transparencia y rendición de cuentas. La crisis actual deja claro que el lucro sin ética social y ambiental es insostenible. Las empresas deben entender que su éxito a largo plazo depende de la salud de la sociedad y del planeta, y que actuar de forma irresponsable solo contribuirá a agravar las crisis que ya nos aquejan.

​Por su parte, el papel del Estado es fundamental para crear el marco normativo y las condiciones que permitan un desarrollo sostenible. Frente a los desafíos de una sola salud, las políticas públicas deben orientarse hacia una legislación proactiva, obligando a la industria a adoptar prácticas sostenibles y socialmente responsables. La inacción o la tolerancia al incumplimiento ya no son opciones, pues cada día cuenta en la lucha contra la crisis. Invertir en investigación, educación y capacitación es esencial para preparar a la sociedad ante los retos emergentes. La formación de ciudadanos críticos y comprometidos es clave para transformar la realidad, además, la cooperación intersectorial debe facilitar espacios de diálogo y colaboración entre empresas, organizaciones civiles y organismos internacionales. Solo a través de una coordinación efectiva se pueden diseñar estrategias integrales que aborden las causas profundas de las crisis, con el gobierno actuando no solo como regulador, sino como líder y facilitador del bien común.

​A su vez, la participación ciudadana es un pilar fundamental en este proceso. La sociedad civil tiene la capacidad de impulsar cambios significativos mediante la organización comunitaria, donde las iniciativas locales y las redes de colaboración identifican problemas específicos y proponen soluciones adaptadas a cada realidad. La vigilancia y denuncia activa de la ciudadanía son esenciales para exigir responsabilidad tanto a empresas como a gobiernos. La ignorancia o la complacencia ya no pueden ser pretextos ante el deterioro ambiental y social. Asimismo, la educación y sensibilización deben promover una cultura de responsabilidad compartida, donde el conocimiento y la empatía se conviertan en herramientas para la transformación. En este sentido, la sociedad civil es la voz que clama por mayor equidad y justicia, exigiendo que todos los actores cumplan su parte en el cuidado del planeta y el bienestar de las personas.

​Caminar hacia una cultura de responsabilidad compartida es un camino sin vuelta atrás. La interconexión entre nuestras acciones y sus consecuencias en el medio ambiente y la salud colectiva exigen que la responsabilidad social no sea delegada ni diluida. Ignorar las señales de alarma o justificar la inacción es inaceptable cuando cada día nos acerca a un límite crítico. La emergencia actual nos obliga a redefinir nuestras prioridades y a entender que la colaboración es la única vía para garantizar un futuro digno.


​Adoptar una perspectiva de UNA SOLA SALUD implica reconocer que los desafíos que enfrentamos requieren respuestas integrales. Empresas, gobiernos y sociedad civil deben abandonar las posturas fragmentadas y construir alianzas sólidas basadas en la ética, la transparencia y el compromiso con el bien común. La transformación de nuestros sistemas productivos y sociales no es una opción, sino una necesidad urgente para evitar que las crisis se conviertan en catástrofes irreversibles.

​El reloj avanza, y con él, la urgencia de actuar. La crisis económica, social y ambiental no esperará por estrategias a medias ni por compromisos tibios. Cada actor tiene un rol fundamental: las empresas deben repensar sus modelos de negocio, el gobierno debe liderar con políticas audaces y la sociedad civil debe mantenerse vigilante y proactiva. Solo a través de la responsabilidad social compartida y la adopción de una visión integral de una sola salud podremos forjar un futuro donde el desarrollo y el bienestar vayan de la mano con el cuidado del planeta.

​No hay más margen para la indiferencia ni excusas para la inacción. Es momento de transformar discursos en compromisos tangibles y de construir un futuro en el que la sostenibilidad no sea una aspiración, sino una realidad. El destino de nuestra generación y de las que vendrán depende de lo que hagamos hoy. La cuenta regresiva ya comenzó. Es hora de actuar.

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