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Viudez, sinónimo de abandono y desesperanza

  • ALEJANDRA OROZCO
  • 22 jun 2020
  • 4 Min. de lectura

Tuxtla.- El 23 de junio se celebra el Día Internacional de las Viudas, una fecha oficial promulgada por la ONU y que trata de paliar los problemas relacionados con la viudez en todo el mundo, lo cual acarrea una serie de consecuencias graves que afectan a la vida de estas mujeres y de sus hijos.



Es la situación de Flor, una señora que a sus 67 años, hace tres perdió al compañero de su vida, Ernesto, quien a causa de un infarto la dejó sola, después de 49 años de casados y dos hijos, quienes no la visitan.

“Me quedé muy sola, él era mi único compañero, nuestros hijos no viven aquí y no me visitan, solo nos teníamos los dos, lo extraño todos los días”. Flor vive en la colonia Las Granjas, en el único patrimonio que le dejó su esposo, una casita de lámina en el terreno que ocupaban y donde construyeron su vida.

Él era carpintero, trabajaba en un taller y siguió trabajando hasta ya grande, sin importar el cansancio, los años y el sacrificio, pues tenía que proveer para su mujer, quien es diabética y no desempeñaba ninguna labor más que las domésticas.

“Cuando él murió, apenas y nos alcanzó para enterrarlo con la cooperación que juntaron los vecinos, porque no había de dónde, mis hijos no vinieron a despedirlo, solo por teléfono hablamos cuando les avisé, pero no podían venir me dijeron”, señala.

La pérdida irreparable de un compañero de vida y cabeza de familia es una experiencia dura de afrontar para las mujeres en el mundo, en países en vías de desarrollo y con elevados niveles de pobreza la viudedad está rodeada de estigmas, falsas creencias, discriminación y abusos contra las viudas, vulnerando sus derechos humanos y la satisfacción de sus necesidades básicas para seguir sosteniendo a sus familias.


Las viudas se enfrentan a una dura realidad

De acuerdo a las estadísticas se estima que en el mundo hay más de 285 millones de viudas, de las cuales más de 115 millones viven en la pobreza extrema. No se trata solo de las viudas, sino también de los hijos huérfanos menores de edad que en la mayoría de los casos no cuentan con el debido apoyo socioeconómico y familiar.

En muchos lugares del planeta las viudas pasan por situaciones muy difíciles. El hecho de haber perdido a su pareja es solo el inicio de los problemas por los que pasan estas mujeres; el cambio de estatus social de las mujeres a viudas conlleva a la pérdida no solo de su pareja, sino de su espacio en la sociedad civil.

A las mujeres que enviudan se le niegan sus derechos a la herencia, a la tierra y se les somete a rituales extremos de duelo y a otras formas de discriminación y abuso. En ocasiones es la misma familia de la viuda la que las desalojan de sus casas y las maltratan, incluso las asesinan.



La situación de la mujer está vinculada a su esposo, de forma que cuando éste muere la viuda ya no tiene protagonismo en la sociedad y para adquirir esa relevancia a veces se les obliga a casarse de nuevo con miembros de la familia del marido, muchas veces, en contra de su voluntad.

En muchos casos, quedarse viuda es causa de vergüenza, e incluso se asocia este hecho con la brujería y por ello se somete a las mujeres a abusos. También los hijos pueden sufrir la estigmatización derivada de la viudedad, crueldades que muchas veces se justifican por la tradición religiosa o cultural.


Un reto doblemente difícil

La historia de Flor es un ejemplo de la triste realidad a la que se enfrentan muchas mujeres, ella por ejemplo solo se sostiene con el apoyo gubernamental que cobra, y de la venta de algunas frituras entre la gente de su colonia, saca su mesa frente a su puerta y ahí vende, no puede hacer más, no puede salir a vender de casa en casa, su estado de salud no se lo permite.

A esto se suma que no cuenta con el apoyo de sus hijos, quienes la han dejado prácticamente en el olvido, su sustento era el trabajo de su marido quien también vivía al día, por lo que a pesar de todo su esfuerzo, no pudo dejarle un recurso para sobrellevar la vida, además de que su fallecimiento fue repentino, no hubo una enfermedad de por medio, fue de un momento a otro.

Doña Flor vive triste, extraña mucho a su esposo, su única compañía por casi 50 años, su amparo día a día. “Aún así, estoy agradecida que no sufrió, y que se fue el primero, porque una como quiera tiene que aguantar, pero si él se hubiera quedado solo no sé si hubiera aguantado”, piensa.

Ese es el retrato del día a día de las mujeres viudas, quienes quedan relegadas al olvido en la mayoría de los casos, recordemos que también hay mujeres que enviudan jóvenes, quedando al cuidado de niños pequeños, por quienes deben trabajar y estar ausentes de su crianza, y aún así salir adelante.

 

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